BODY HORROR Y LA EXPERIENCIA TRANSGÉNERO.
Siempre me ha fascinado lo que se puede llamar como horror cósmico, la idea de algo más allá de tu entendimiento, algo tan terrible e incomprensible que el hecho de intentarlo puede volverte loco de remate. Que puede existir algo más allá del lenguaje, indescriptible e impensable. Para mí eso era ser trans. Algo que sentía vibrar desde lo profundo de mi ser. Algo que sabía era anormal, pero no por qué. Tan solo un sentimiento que crecía dentro de mi conforme la pubertad arrasaba con mi cuerpo. Yo empecé con la pubertad de forma precoz. Mi madre me consoló diciendo que mi abuela había sido igual, que era genético. Pero ese horror no fue el mismo. Sí, la pubertad apesta para todos. Pero para mí apesto mucho, MUCHO, más.
Había algo en mí que no podía describir, como los horrores cósmicos. Algo innombrable hasta que un día alguien más lo nombró por mí. Transgénero. Fue el momento en que lo cósmico se volvió mundano. Es impresionante el poder que tienen las palabras. Por fin comprendí ese sentimiento que me carcomía. Yo era el típico “no soy como las otras chicas” solo que era cierto. Era un chico, que un día a los 11 se despertó sangrando, al que le dieron una plática de cómo eso era un hermoso regalo, que significaba que mi cuerpo se estaba preparando algún día para ser una madre. Era un chico que a la hora de bañarse se quedaba minutos mirando su reflejo sin comprender lo que veía. Mi cuerpo me estaba traicionando. Recuerdo perfectamente el mirarme al espejo, el mirar mi busto, y sentir que eso no era parte de mí. Incluso antes de ver Alien, tocaba mi pecho y esperaba que una criatura irrumpiera de mi piel, que mis senos explotaran y algo ajeno a mí se arrastrara fuera de mi cuerpo.
Toda mi adolescencia la pasé atormentado por algo que no era capaz de nombrar. Ahora sé que se llama disforia de género. Pero en su momento bien le puede nombrar body horror. Creo que películas como Possesor, Old, The fly, The Thing y mil más muestran (por accidente) esa desesperación que yo sentía. El estar luchando contra tu propio cuerpo. El evitar verte al espejo o el no poder quitar los ojos de la carne y músculo que pretenden ser tú. Odiaba mi cuerpo, sentía un horror como el que sintió Jeff Goldblum mientras se transformaba en algo que no era hombre ni mosca.
Cuando supe lo que es ser trans, entendí que no estaba solo, un poco de consuelo. Pero la información que obtuve no solo me nombró y me ayudó a no volverme loco, también me trajo nuevos temores. Las estadísticas para las personas trans no son números felices.
Pensé que mi ventana de tiempo se había acabado. Que perdí mi oportunidad de ser feliz antes de saber que la tenía. Para cuando descubrí la palabra transgénero, la pubertad ya había cambiado mi cuerpo de todas las formas que pudo. Mis caderas, mi cara y mi busto talla D. Pensé que nadie nunca me podría ver como un chico. Si ni siquiera yo podía verme como uno. Me veía al espejo y no reconocía a la persona frente a mí. No era yo y aun así ese era mi cuerpo. Crecer trans es la clase de conocimiento prohibido que te puede volver loco de remate. Para mí existe una disonancia entre mi ser y mi cuerpo. Quién soy y lo que los demás ven, lo que yo veo. No somos uno mismo. De la misma forma que en Possessor una asesina usa la piel de otros para cometer sus crímenes. Para mí, mi cuerpo no era más que una prisión de piel y yo un otro ajeno atrapado en ella. Es catártico el ver cosas así en la pantalla grande. Muchas veces tuve la fantasía de quitarme la piel como si está fuera ropa mojada. De poder pelar mis músculos y órganos, toda esa carne y sangre hasta que solo quedaran huesos y seguir y seguir quitando hasta encontrar mi verdadero yo.
Mi cuerpo no está atentando contra mí, al contrario. Tengo la oportunidad de moldear y crearme.
Reinventarme desde cero a mi propia imagen. Es tardado y aterrador y tan emocionante. Como los cenobitas de Hellraiser he aprendido a aceptar el placer y el dolor. No a sus infernales extremos. Más bien he encontrado la euforia de género en el divino y algo blasfemo acto de creación. He aprendido a abrazar las disonancias dentro de mí. A amar a ese monstruo que me atormentaba que llamo cuerpo. Y aún me atormenta de distintas formas, como solo la carne puede. Creo que el body horror es una forma en la que las personas cisgénero pueden aproximarse a entender la experiencia de ser transgénero, pero esa especie de entendimiento que uno tendría al ver algo alienígena. Ven el horror de que tu cuerpo te traicione, pero no pueden ver más allá de eso. Para ellos es un miedo fantasioso. La falta de afirmación de género ha cobrado la vida de mucha gente trans. Para nosotros es una realidad. Para ellos es ficción. Y lo que nunca podrían comprender es el otro lado de la moneda. Que el cuerpo es un lienzo, que nosotros nos podemos volver a crear, cuantas veces sea necesario. Que no nacimos en el cuerpo incorrecto, sino que la sociedad es muy pequeña para nosotros. Para comprender sin miedo nuestra existencia.El creador de los Xenomorfos H.R Giger es un artista conocido por su arte surrealista, erótico y aterrador, donde metal, carne, vulvas y penes crean criaturas y lugares descomunales; que se funden unos con otros. Para Geiger todos los cuerpos son extraños y eso los hace bellos y aterradores. No es un secreto que la historia entre lo Queer y el horror tiene muchas intercepciones. Dicen la malas lenguas que Giger una vez tuvo un trío con dos mujeres trans mientras estaba volando con éxtasis y que el resto de su arte ha sido su forma de inmortalizar la experiencia, incluido el diseño de los xenomorfos. Género, sexo y sexualidad 3 criaturas distintas, entrelazadas por carne y venas. Ninguna depende de la otra y aun así son un Cerberos. Para las películas de terror el cuerpo es tan fluido como la imaginación y esto puede significar el horror de perder autonomía sobre ti mismo o el éxtasis de ser tu propio creador. Ni normal o anormal. Porque no existe lo normal. La experiencia transgénero es domar tu propio cuerpo, aprender a amarlo, mientras el mundo se debate si eres humano, mientras se te vilifica, es ser el artista y el arte, es sentir euforia en el mero acto de existir, ante todo pronóstico. Desafiando al mundo y su entendimiento con tu felicidad. Porque la experiencia trans es una de body horror, pero también es cósmica. No todas las personas trans sienten disforia. Nuestro género no siempre es binario o no binario, a veces es algo incomprensible. Nuestras experiencias son galaxias propias, nuestra existencia está más allá del entendimiento, más allá de prejuicios y límites imaginarios.








Comentarios
Publicar un comentario